
Seamos honestos: los talleres de secado de madera pueden ser peligrosos. Hay polvo de madera por todas partes, y en ese entorno, un punto caliente en el calentador no es solo una molestia; es una posible fuente de incendio. Sabemos perfectamente cuán caótico puede ser el ambiente en esos talleres, por eso diseñamos nuestras lámparas de infrarrojos para que puedan manejar ese polvo. El verdadero problema con el polvo de madera es que tiende a acumularse en la superficie de las lámparas. Una vez que ese polvo se acumula, actúa como una especie de “manta” que atrapa el calor y hace que la lámpara se sobrecaliente. Eso es cuando las cosas se vuelven riesgosas. Para evitar esto, utilizamos vidrio de cuarzo de alta pureza, con un revestimiento especial. Este revestimiento dirige el calor hacia la madera, en lugar de dejar que queme la carcasa de la lámpara. También hemos diseñado estas lámparas para que se calienten y enfríen rápidamente. Al evitar esa temperatura constante y elevada en la superficie de la lámpara, es mucho menos probable que se produzcan incendios debido a las partículas flotantes. En cuanto a la estructura interna de la máquina, evitamos usar conexiones eléctricas abiertas. Todo está sellado dentro de envoltorios de cuarzo, para impedir que el polvo entre en contacto con el filamento. Un consejo sobre el aspecto eléctrico: utilice un controlador PID y una fuente de alimentación estabilizada. La sobretensión es la forma más rápida de dañar una lámpara o, peor aún, causar un incendio. Mantenga la potencia adecuada. También dedicamos mucho tiempo al diseño de la carcasa de la lámpara. Utilizamos aleaciones de aluminio reflectantes, ya que permiten disipar el calor rápidamente. Y si, por desgracia, alguna tubería se rompe, la carcasa está diseñada para atrapar los fragmentos, evitando así que caigan sobre montones de astillas secas. Por último, un consejo sobre su instalación: las lámparas de infrarrojos de alta potencia son ideales para eliminar rápidamente la humedad de la madera dura. Pero no se debe colocar demasiadas lámparas juntas. Si lo hace, se crearán zonas donde el aire se quede atrapado y se caliente excesivamente. Deje algo de espacio entre ellas. Así, el flujo de aire seguirá funcionando bien y el polvo será llevado lejos de las lámparas, en lugar de quedarse adherido a ellas.